Una de las tareas más engorrosas con la que nos encontramos los killífilos, es el procesado de los huevos, esto es, la recolección, incubación, control del estado,... Aunque estas tareas son especialmente laboriosas si nos referimos al grupo de las especies anuales, y es donde mayor necesidad existe de buscar métodos de incubación cómodos y eficaces, también en sus compañeras no anuales se pueden encontrar ciertas mejoras.
por Javier Guerra, KT 4, SEK 131
En el caso de las especies no anuales, lo que se ha hecho tradicionalmente , es ir recogiendo los huevos de las mopas, colocándolos posteriormente en “bocadillos” de turba, que a continuación son embolsados; o bien, colocarlos sobre un lecho del mismo sustrato dispuesto sobre una placa de petri o algún recipiente similar. Con ambos métodos, el control del número de huevos se hace dificultoso a medida que los embriones se van desarrollando, ya que se oscurecen y confunden con la turba.
Por otro lado, a la hora de mojar los huevos, lo que suele hacerse es introducir directamente la turba con los huevos en el acuario de eclosión. De este modo, a la hora de pescar los alevines para su traslado a un acuario limpio, la tarea se hace complicada, ya que estos se esconden entre las fibras de la turba; y si lo que pretendemos es sacar la turba para mantener los alevines en el acuario, corremos el peligro de dejar alguno atrapado dentro de ella.
Una solución a estos problemas podría ser es uso de materiales sintéticos como lecho de incubación. Se ha propuesto por ejemplo, el empleo de bayetas de cocina (Rubio, 2000). El inconveniente de este sistema, es que pueden producirse fácilmente ataques por hongos, ya que el material de que está hecha la bayeta carece del poder inhibitorio presente en la turba (debido a su acidez, y también posiblemente a ciertos compuestos). Esto podría solventarse añadiendo algún tipo de funguicida, pero nos encontramos con el problema de la dosis y el tipo, que debe ser totalmente inocuo para los huevos.
Por lo tanto buscamos tres cosas en un sistema de incubación:
Todo esto se puede conseguir con el método que propongo a continuación. Para la colocación del sustrato se utiliza una caja de petri o bien una cajita de plástico de las de tornillos, chinchetas,... El sustrato en sí, es la misma turba anteriormente mencionada, pero la diferencia es que los huevos no se disponen directamente sobre ella. Una vez colocada la turba, se coloca sobre ella una malla textil de las que se emplean en labores y manualidades (punto de cruz,...), encima de la cual irán dispuestos los huevos. Previamente hay que lavarla con agua corriente y humedecerla seguidamente con agua del acuario de donde extraigamos los huevos. El diámetro de poro de esta malla deberá ser tal que permita a los huevos estar en contacto con la turba, a la vez que impida su caída a ella. Hay que presionar firmemente la malla sobre la turba para que ambas se acoplen perfectamente. Ahora solo queda colocar los huevos, cerrar la caja e incubarlos durante el tiempo necesario. Cuando llegue el momento de la eclosión, basta con extraer la malla con los huevos, e introducirla en el acuario de eclosión, para evitar de este modo los problemas antes citados.
Otra alternativa al empleo de este de tipo de malla, podría estar en una gasa para hacer curas, aunque este tejido es bastante menos recio que el anterior por lo que puede presentar dificultades de manejo.
Figura 1: Caja de incubación ya preparada para su uso.
